Lunes , 10-05-10
VOZ Y VOTO
VELEIDOSA primavera, la de este año. Tanto que casi resulta difícil creerlo. Pero en primavera nos encontramos, y de nuevo en una casi obligación: la de formular propósitos. No ya los que nos prometemos cumplir al final y al principio de año. Que si estudiar inglés, que si sacarnos el carnet de conducir, que si... Pocas veces se cumplen. Con todo, hay uno que, entre los incumplidos, ahora, en el ahora mismo primaveral, otra vez se formula: ¡Adelgazar! ¡Adelgazar!
Quien dice «primavera», también dice «playa» y «piscina» para las gentes de tierra adentro sobre todo. Tanto «piscina» como «playa» exigen lo que se dio en llamar «cuerpos Danone». El casi sumo poder de la publicidad. Y aunque uno sea poco adicto a tal suerte de lácteo... Pues a adelgazar. Por lo tanto, este «uno» -masculino o femenino- si todavía es más o menos joven y goza de salud y de algunos posibles, se dispone a cumplir -¡esta vez sí; esta vez, sí!- un propósito en cuya consecución se juega más autoestima que en conducir un coche, que en saber inglés. Sin embargo...
Todo propósito exige fuerzas de voluntad y tiempo. No hay fórmulas mágicas que lo realicen en pocos días. ¡Pero qué digo! ¡Para el de adelgazar sí hay mágicas fórmulas! No son pocos los productos químico-farmacéuticos que nos garantizan que en poco tiempo y a veces sin esfuerzo, sin abstinencia alguna, conseguiremos el cuerpo «yogur» sin necesidad ni de tomar «yogur» de ninguna marca. Sobre todo la «cajita mágica» que apenas falta en ningún hogar que se respete, durante estas primaverales jornadas nos augura y asegura ponernos estéticamente en forma para playas y piscinas. Y ya se sabe: si «lo dice la tele»... Desde potingues de alta gama a sencillos artefactos que moverán eficazmente nuestra musculatura, digo: nuestra grasa sobrante. En pocos días, todo resuelto, y a triunfar en doradas arenas y aguas saladas, en el borde duro de piscinas y en aguas mejor o peor cloradas, pero veraniegas.
Ya somos felices, pues. Si, además de no llevarnos del todo mal con la Crisis y poder frecuentar litorales y piscinas, conseguimos exhibir, complacer y complacernos con -¡por fin!- el logro de un propósito... Los afortunados o menos perjudicados por la Crisis en cuestión, además de mejunges y de gimnasios milagrosos ambos, se verán asistidos por el bisturí antiborux y también antiedad -¡perdón: «Antiedge!»- no sólo infalibles en el rostro, qué va.
Todo resuelto, pues. ¡Hemos adelgazado! Pero cuando usted, de modestas aspiraciones estéticas, pero también con derecho a playa y a piscina, acuda al baño estival y compartido, una vez más se percatará de que la mayoría de los mortales no ha conseguido librarse de los efectos de Cronos, sobre todo cuando -al decir de Jorge Manrique- llega «el arrabal de senectud». Pero no quiero desanimarle a usted -lectora, lector- ni a mí mismo, que dentro de un rato me voy al gimnasio.

Inicio









Inadecuado



